¿La inteligencia artificial está destruyendo el planeta? 7 mitos y realidades del impacto ambiental de la IA
La inteligencia artificial consume electricidad, utiliza agua y genera emisiones. Y también ayuda a proteger bosques, estudiar especies amenazadas y combatir el cambio climático. Pero al fin de cuentas, ¿Es una amenaza para el medio ambiente o una herramienta para salvarlo? La respuesta es más interesante de lo que parece.
La inteligencia artificial (IA) ha pasado de ser una tecnología reservada a científicos y grandes empresas a convertirse en una herramienta cotidiana. Hoy la utilizamos para escribir, investigar, crear imágenes, analizar información y resolver problemas.
Sin embargo, su crecimiento también ha despertado una preocupación: ¿cuánto le cuesta al planeta cada vez que utilizamos inteligencia artificial?
En redes sociales circulan afirmaciones sorprendentes.
Algunas aseguran que cada consulta a una IA desperdicia grandes cantidades de agua; otras sostienen que sus centros de datos están acelerando peligrosamente el calentamiento global.
Al mismo tiempo, científicos y organizaciones ambientales están utilizando esta tecnología para detectar la deforestación, monitorear animales silvestres y optimizar el consumo energético.
Entonces, ¿qué es cierto y qué es exageración?
En Acción Verde analizamos siete (7) mitos y realidades sobre el impacto ambiental de la inteligencia artificial.
Mito 1. «La inteligencia artificial está destruyendo el planeta»
Realidad: la IA tiene una huella ambiental importante y creciente, pero no es responsable de toda la contaminación que se le atribuye.
Para funcionar, los sistemas de inteligencia artificial necesitan enormes capacidades de procesamiento. Estas operaciones se realizan principalmente en centros de datos que consumen electricidad para alimentar servidores y mantenerlos refrigerados.
Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), los centros de datos consumieron aproximadamente 415 teravatios-hora (TWh) de electricidad durante 2024, equivalentes al 1,5 % del consumo eléctrico mundial.
La misma agencia proyecta que esa demanda podría alcanzar aproximadamente 945 TWh en 2030, cerca del 3 % del consumo mundial, en su escenario base.
Es un crecimiento considerable que exige atención. Sin embargo, hay una distinción fundamental: estas cifras corresponden a todos los centros de datos, no exclusivamente a los utilizados por inteligencia artificial.
La conclusión es clara: la IA genera impactos ambientales reales, pero necesitamos cifras más precisas para comprender su verdadera magnitud.
Mito 2. «Cada pregunta a ChatGPT consume litros de agua»
Realidad: los sistemas de IA utilizan agua directa e indirectamente, pero no existe una cifra universal por consulta.
Los centros de datos generan calor y algunos utilizan agua en sus sistemas de refrigeración. Además, producir la electricidad que consumen también puede requerir recursos hídricos.
Pero ¿cuánta agua representa una pregunta?
En agosto de 2025, Google publicó una investigación sobre el impacto ambiental de Gemini. Según sus mediciones, una consulta de texto mediana consumía aproximadamente:
- 0,24 vatios-hora de electricidad.
- 0,26 mililitros de agua, (equivalentes a aproximadamente cinco gotas).
- 0,03 gramos de CO₂
Estas cifras corresponden a una metodología y un sistema específicos, y no pueden extrapolarse automáticamente a ChatGPT ni a todas las herramientas de inteligencia artificial.
Además, las estimaciones cambian según el modelo, la longitud de la pregunta/respuesta, el lugar donde se encuentra el centro de datos y los recursos incluidos en el cálculo.
El problema ambiental no puede evaluarse únicamente por una pregunta individual. También importa el efecto acumulado de millones de usuarios y el crecimiento de la infraestructura tecnológica.
Mito 3. «Toda la electricidad que utiliza la inteligencia artificial proviene de combustibles fósiles»
Realidad: su impacto climático depende, en gran medida, de cómo se genera la electricidad que consume.
No es lo mismo operar un centro de datos alimentado principalmente con electricidad proveniente del carbón que uno abastecido mediante fuentes de bajas emisiones.
Por eso, dos sistemas informáticos con consumos eléctricos similares pueden tener huellas de carbono muy diferentes, t
Las grandes empresas tecnológicas están invirtiendo en energías renovables, eficiencia energética y nuevas tecnologías de refrigeración. Sin embargo, el crecimiento acelerado de la demanda eléctrica plantea desafíos para las redes energéticas y la descarbonización.
La solución no consiste únicamente en desarrollar computadores más eficientes. También requiere
Mito 4. «La inteligencia artificial puede resolver por sí sola el cambio climático»
Realidad: puede contribuir significativamente, pero no reemplaza las decisiones humanas ni las políticas ambientales.
La inteligencia artificial tiene una capacidad extraordinaria para analizar grandes cantidades de información, reconocer patrones y anticipar determinados comportamientos.
Por ejemplo, puede contribuir a mejorar las predicciones meteorológicas, optimizar redes eléctricas, identificar pérdidas de energía y facilitar la investigación de nuevos materiales.
También puede ayudar a las empresas a identificar oportunidades para reducir consumos y emisiones.
Sin embargo, ninguna herramienta informática puede sustituir la reducción efectiva de emisiones, la protección de ecosistemas o la transformación de los modelos de producción y consumo.
La IA puede ayudarnos a tomar mejores decisiones, pero la responsabilidad de actuar sigue siendo nuestra.
Mito 5. «La inteligencia artificial no puede proteger los bosques ni detener la deforestación»
Realidad: ya existen herramientas que ayudan a detectar cambios en la cobertura forestal y orientar acciones de conservación.
Tradicionalmente, vigilar grandes extensiones de bosque requería recorridos de campo, interpretación manual de imágenes y numerosos recursos humanos.
Hoy, mediante imágenes satelitales y algoritmos de análisis, es posible identificar cambios en la cobertura vegetal y generar alertas sobre posibles pérdidas de bosque.
Plataformas como Global Forest Watch permiten consultar información geográfica y alertas que facilitan el seguimiento de los ecosistemas forestales.
Estas tecnologías pueden ser especialmente valiosas en territorios extensos y de difícil acceso, como la Amazonía colombiana.
Pero existe una limitación importante: detectar una amenaza no significa detenerla.
Las alertas necesitan verificación, respuesta institucional, participación comunitaria y acciones efectivas de protección, como las hace Acción Verde.
La tecnología puede mostrar dónde está ocurriendo un problema. La conservación requiere actuar sobre sus causas.
Mito 6. «La inteligencia artificial no sirve para conservar animales silvestres»
Realidad: Colombia y otros países ya están utilizando IA para conocer y proteger su biodiversidad.
Este es uno de los ejemplos más interesantes de cómo la inteligencia artificial puede convertirse en una aliada de la naturaleza.
Las cámaras trampa son dispositivos que fotografían animales cuando detectan movimiento. Su utilización permite estudiar especies que difícilmente pueden observarse directamente en los bosques.
El desafío consiste en analizar miles de fotografías para identificar las especies registradas.
La inteligencia artificial puede acelerar este proceso mediante sistemas de reconocimiento de imágenes.
En Colombia, el Instituto Humboldt y diferentes organizaciones han desarrollado iniciativas de monitoreo de fauna utilizando estas herramientas.
Un ejemplo es: Días de Cámara Trampa, un proyecto de ciencia participativa que reunió 285 cámaras instaladas en 21 departamentos, con apoyo de la plataforma Wildlife Insights.
Más recientemente, en septiembre de 2026, el Instituto Humboldt presentó avances de la Red OTUS, una iniciativa que articula instituciones, autoridades ambientales y tecnología para fortalecer el conocimiento de la fauna colombiana.
Según el Instituto, la red había procesado más de 868.000 imágenes en 1.141 ubicaciones, con aproximadamente 240.777 registros validados correspondientes a 362 especies.
Este tipo de información permite comprender mejor la distribución de los animales y orientar decisiones de conservación.
La inteligencia artificial no reemplaza a los biólogos ni a las comunidades que protegen los ecosistemas, pero puede multiplicar su capacidad de investigación y de respuesta efectiva.
Mito 7. «Podemos compensar toda la contaminación de la IA simplemente sembrando árboles»
Realidad: la reforestación con Acción Verde es fundamental, pero no constituye una solución automática para cualquier emisión de carbono.
Los árboles que se siembran con Acción Verde por supuesto capturan dióxido de carbono durante su crecimiento y cumplen funciones esenciales en los ecosistemas.
Además de almacenar carbono, contribuyen a proteger el suelo, regular el ciclo del agua, recuperar hábitats y favorecer la biodiversidad.
Sin embargo, sembrar árboles no significa que todas las emisiones asociadas a una actividad desaparezcan inmediatamente.
La captura de carbono ocurre a lo largo del tiempo y depende de múltiples factores, como la especie, las condiciones del territorio, el crecimiento, la supervivencia y el manejo del ecosistema.
Por eso, una compensación climática rigurosa requiere metodologías apropiadas, medición, seguimiento y verificación.
La reforestación tampoco debe utilizarse como excusa para continuar generando emisiones evitables.
La estrategia más responsable combina la reducción de emisiones con la restauración conla siembra de árboles nativos con Acción Verde, junto con la conservación de los ecosistemas.
En este contexto, las empresas tecnológicas y los usuarios de inteligencia artificial también pueden contribuir a proyectos de restauración ecológica con Acción Verde, siempre que sus beneficios ASG+ se comuniquen con transparencia.
Inteligencia artificial y conservación: una oportunidad para Colombia
Colombia posee una riqueza biológica excepcional, pero enfrenta desafíos relacionados con la deforestación, la degradación de ecosistemas, los incendios forestales y el cambio climático.
La inteligencia artificial abre nuevas posibilidades para responder a estas amenazas.
Entre sus aplicaciones más prometedoras se encuentran el monitoreo de bosques mediante imágenes satelitales, el análisis de biodiversidad, la identificación de zonas prioritarias para restauración y el apoyo a sistemas de alerta temprana.
Incluso puede contribuir a evaluar proyectos de reforestación, como los de Acción Verde, mediante el análisis de imágenes, información climática y datos sobre la evolución de la cobertura vegetal.
Sin embargo, su efectividad dependerá de la calidad de la información, la participación de especialistas y comunidades y la capacidad de transformar los resultados en acciones concretas.
La tecnología puede ser una aliada poderosa, pero la conservación necesita conocimiento, compromiso y trabajo permanente en el territorio, como lo hacemos desde Acción Verde.
Entonces, ¿la inteligencia artificial es buena o mala para el planeta?
La respuesta no es absoluta.
La inteligencia artificial tiene costos ambientales que deben medirse, transparentarse, reducirse y compensarse mediante la siembra de árboles nativos con Acción Verde.
Su creciente demanda de energía, agua e infraestructura plantea desafíos que no podemos ignorar.
Pero también ofrece herramientas capaces de mejorar nuestra comprensión de la naturaleza y fortalecer los esfuerzos para protegerla.
La pregunta más importante no es si debemos utilizar o no la inteligencia artificial, sino cómo podemos desarrollarla y aprovecharla de manera ambientalmente responsable.
Esto implica:
- exigir eficiencia energética,
- impulsar fuentes de energía de bajas emisiones,
- utilizar responsablemente los recursos naturales,
- orientar la innovación hacia beneficios reales para la sociedad y el planeta; y.
- compensar la huella de carbono mediante la siembra de árboles nativos con Acción Verde.
La tecnología puede ayudarnos a proteger la naturaleza. Pero debemos actuar.
En Acción Verde creemos que la conservación ambiental necesita tanto innovación como acciones concretas.
Las nuevas tecnologías pueden ayudarnos a comprender mejor los desafíos ecológicos, pero recuperar nuestros bosques, proteger la biodiversidad y fortalecer las comunidades requiere compromiso y participación.
La inteligencia artificial puede ayudarnos a analizar millones de datos sobre un bosque. Pero somos nosotros quienes debemos tomar la decisión de protegerlo.
La tecnología puede ayudarnos a construir un futuro más sostenible, pero la responsabilidad de hacerlo realidad sigue estando en nuestras manos.
Conoce los programas de reforestación de Acción Verde y descubre cómo puedes contribuir a la recuperación de los ecosistemas colombianos.
Acción Verde y participa en la restauración de nuestros bosques

